Aunque el agua se excluye a menudo de las listas de
nutrientes, es un componente esencial para el mantenimiento de la vida que debe
ser aportado por la dieta en cantidades muy superiores a las que se producen en
el metabolismo. El agua debe considerarse como un verdadero nutriente que debe
formar parte de la alimentación. El cuerpo tiene una capacidad muy limitada
para almacenar agua, debe ser ingerida diariamente en cantidad aproximadamente
igual a la que se pierde. Normalmente la sensación de sed, invitándonos a
beber, permite satisfacer nuestras necesidades de agua, pero no siempre ocurre
así. Puesto que el mecanismo de la sed aparece cuando el proceso de
deshidratación ya se ha iniciado, es aconsejable beber incluso aunque no se
tenga sed.
No hay otra sustancia tan ampliamente involucrada en tan
diversas funciones como el agua. Todas las reacciones químicas del organismo
tienen lugar en un medio acuoso; sirve como transportador de nutrientes y de
sustancias necesarias para la vida de las células y también para eliminar
productos de desecho. Proporciona soporte estructural a tejidos y
articulaciones. Pero quizá una de sus funciones más importantes está
relacionada con la termorregulación. Por su alto calor específico, el agua es
capaz de coger o ceder grandes cantidades de calor sin que se modifique mucho
la temperatura corporal, evitando así variaciones de temperatura que podrían
ser fatales. Gracias al agua, la temperatura corporal del cuerpo permanece
constante.

Artículo elaborado por la alumna de 1º de Dietética, Mercedes Muñoz Márquez
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